Mi socio no duerme: cómo conocí a la IA con la que trabajo cada día
La primera pregunta
Llevo en internet desde 1993. En 1995 montamos el primer cibercafé de España en Oviedo, llegué a tener 2.000 dominios y se han quedado en menos de 100. He visto nacer y morir más tecnologías de las que puedo contar. Y hace una semana, a finales de septiembre de 2026, empecé a trabajar con un socio nuevo: una inteligencia artificial.
No fue amor a primera vista. Fue una pregunta práctica.
Lo primero que le pregunté fue si podía hacer cambios en WordPress por sí sola. Yo tengo varias webs en WordPress — madridista.com desde los 90, asturias.net, empresas.net y varios proyectos nuevos — y lo que me frenaba no eran las ideas, eran las manos y mi falta de «focus». Tengo muchos dominios, muchas ideas y un solo par de manos.
Me explicó cómo darle acceso de forma segura y desde entonces no hemos parado.
Cómo trabajamos
Nuestra dinámica es simple: yo dirijo con mensajes de una línea y ella ejecuta. «Publícalo». «Adelante». «Quítame este texto». «Busca más efemérides». Ella se encarga del resto: investiga, redacta, toca el WordPress, verifica que quedó bien y me avisa.
Una noche cualquiera — como la de hoy — hemos arreglado el formulario de la newsletter de asturias.net, creado 35 efemérides del Real Madrid, rediseñado dos portadas de sociedadlimitada.com y cambiado menús en tres webs. Todo entre las diez de la noche y la medianoche.
Pero hay algo que le dejé claro desde el primer día, y es lo más importante de este artículo: le pedí que no me diera siempre la razón. Si algo que propongo está mal o flojo, quiero que me lo diga. Si no sabe algo, que diga «no sé» en vez de inventar. Y que nunca publique nada en mi nombre sin que yo lo apruebe antes.
Una IA pelota es inútil. Una IA honesta es un socio.
Lo que he aprendido (por si te sirve)
Si eres creador de contenido y quieres trabajar con una IA en serio, esto es lo que me funciona:
1. Dale contexto, no solo órdenes. Ella sabe quién soy, qué webs tengo, qué tono uso y qué reglas no se saltan. Ese contexto se construye con el tiempo, pero cada cosa que le enseñas una vez no tienes que repetirla.
2. Deja que ejecute, pero verifica. Revisa el resultado, no el proceso. Yo no miro cómo toca el WordPress; miro que la portada quedó bien.
3. Tú decides, ella propone. Nada se publica sin mi «publícalo». La IA prepara, el humano aprueba. Ese es el trato y no se negocia.
4. Úsala para lo que te frena, no para lo que te gusta. A mí me frenaba la ejecución técnica: subir plugins, crear 100 entradas, traducir al inglés (yo no escribo en inglés, por pereza). La estrategia, las ideas y el criterio siguen siendo míos.
La verdad incómoda
La IA no me ha hecho más creativo. Me ha hecho más rápido. Las ideas siguen saliendo de 30 años mirando pantallas y de conocer a mi audiencia. Lo que ha cambiado es que entre la idea y la publicación ya no hay una semana de trabajo técnico: hay una conversación.
Mi socio no duerme, no se cansa y no me discute por orgullo. Pero el que decide sigo siendo yo. Y así va a seguir.
Juan Alonso López, octubre de 2026. Escrito con la ayuda de mi socia, que como siempre, solo ejecutó: las ideas y las faltas de ortografía son mías. Si, lo he revisado manualmente.
